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Thursday, 29 January 2026
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La delantera avala al Barça: cuatro goles al Copenhague le meten directamente en octavos

La delantera avala al Barça: cuatro goles al Copenhague le meten directamente en octavos
Ekhbary Editor
9 hours ago
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Lewandowski, Lamine, Raphinha y Rashford marcan la diferencia ante los daneses

Los delanteros arreglaron un partido que habían emborronado los defensas, como ya suele ser costumbre en el Camp Nou, y el Barça entró en el Top 8 de la Champions. Los goles dieron vida a un partido sin juego ni más historia que la jerarquía ya sabida igualmente de Lamine Yamal. La incertidumbre barcelonista duró muy poco porque incluso con un 0-1 el remonte, como también suele ser norma, y la victoria se daban por descontadas ante un contrario facilón como el Copenhague.

El interés estuvo en el carrusel de la jornada, y muy especialmente en la derrota del Madrid en Lisboa, también después de saber que el Barcelona había dejado de ser el noveno de la fase de clasificación para acabar en el quinto puesto del ranking de Europa y quedar a la espera de PSG, Newcastle, Mónaco o Qarabag. La jornada fue al fin tan redonda que incluso se contó un gol de falta después de 50 intentos fallidos hasta que acertó Rashford. Marcaron los cuatro delanteros porque antes acertaron Lewandowski, Lamine y Raphinha.

El Barça formó con un equipo raro para una cita muy particular en la que se trataba de marcar muchos goles contra un adversario que encaja una media de 2,4 por partido como el Copenhague. El nudo del partido, sin embargo, giró sorprendentemente alrededor de Eric García, un defensa que puede jugar de lateral o de central y también de centrocampista, titular anoche por delante de dos medios clásicos como Casadó y Bernal. La alineación del zaguero como sostén en la divisoria se explicaba seguramente por la presencia de una pareja tan ofensiva como la formada por Olmo y Fermín, sustitutos de los ausentes Pedri y De Jong. El mismo Olmo se define como un 10 que puede ejercer de 8 o de 6. Tanta versatilidad pareció confundir a un equipo de especialistas como solía ser el Barça. Alcanzado el descanso, el marcador era de 0-1 a favor del Copenhague.

Juegue quien juegue, con independencia del rival y del torneo, las pérdidas y las concesiones defensivas se repiten sin parar en el Barcelona, también anoche con Gerard Martín, un lateral izquierdo forzado a actuar de central desde la partida de Iñigo Martínez. Los azulgranas encadenan una serie de 11 partidos en que encajan uno o más goles en la Champions. El último verdugo ha sido el Copenhague. Koundé forzó demasiado un pase para Eric y la pelota quedó a merced de Dadason, un delantero de 17 años que definió muy bien ante Joan García. La misma jugada se repitió acto seguido en el área del Copenhague con la diferencia de que Lewandowski remató mal sobre la salida de Kotarski. Aunque el empate parecía ser un asunto de minutos, el Barça quiso meter el segundo gol antes que el primero y se entregó a un desquiciado ejercicio futbolístico ante la bronca del Camp Nou.

La hinchada se puso tan nerviosa como los jugadores y el Barcelona no encontró la manera de superar al firme Kotarski. El portero estuvo tan firme como desafinado se mostró el ataque azulgrana que tan productivo fue la pasada temporada: Lamine, Lewandowski y Raphinha. El mejor rematador fue curiosamente Eric, negado por los palos y por el portero croata del Copenhague. El juego, sin embargo, no fluía, sino que era atropellado, desnortado y sin profundidad, dependiente de los arrebatos de Lamine. La impaciencia de la grada y de la cancha generaron una carga ambiental y un clima de batalla contra todo y contra todos, también contra el árbitro, cuando se imponía la calma, la finura y la puntería, como mostró Olmo al inicio del segundo tiempo con un pase preciso para el juguetón y desequilibrante Lamine. El extremo aceleró y sirvió la pelota para el gatillo de Lewandowski.

Una jugada había acabado por fin en gol y no en córner cuando en el campo ya estaba Marc Bernal, sustituto de Eric García —un mareo provocado por un pelotazo aconsejó que se quedara en el vestuario— y en la cancha mandara Lamine. El extremo cargó con el equipo y con la afición, al igual que ya pasó contra el Oviedo, y en el Camp Nou cayeron dos goles muy rápidos, uno de rebote a tiro del propio Lamine y el segundo después de un penalti que pareció que no era y que transformó el capitán Raphinha.

El 3-1 serenó tanto a los seguidores azulgrana como a los muchachos de Flick. El encuentro decayó hasta que lo cerró Rashford. La atención ya estaba centrada para entonces en los demás resultados de una jornada en la que 30 de los 36 equipos se jugaban la clasificación para las eliminatorias finales de la Champions. La alegría del Barcelona contrastó con la decepción del Madrid. Los azulgrana ganan tiempo para corregirse antes de afrontar el tramo decisivo de la competición más deseada como es la Copa de Europa.

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