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Análisis de la NASA alimenta la esperanza de vida marciana antigua: Moléculas orgánicas complejas encontradas en lutita

Un nuevo estudio sugiere que los grandes compuestos orgánico

Análisis de la NASA alimenta la esperanza de vida marciana antigua: Moléculas orgánicas complejas encontradas en lutita
عبد الفتاح يوسف
2026-03-02 07:56
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Global - Agencia de Noticias Ekhbary

Análisis de la NASA alimenta la esperanza de vida marciana antigua: Moléculas orgánicas complejas encontradas en lutita

La búsqueda constante de vida más allá de la Tierra ha recibido un impulso significativo con nuevos conocimientos del rover Curiosity de la NASA en Marte. Un análisis reciente, publicado en la revista Astrobiology, sugiere que las moléculas orgánicas complejas descubiertas incrustadas en la roca marciana podrían hipotetizarse razonablemente como productos de antiguos organismos vivos. Esta revelación, aunque no es una prueba concluyente, marca un avance crítico en la comprensión del potencial de habitabilidad pasado de Marte y alimenta una mayor investigación científica en astrobiología extraterrestre.

En marzo de 2025, los científicos anunciaron la presencia de las moléculas orgánicas más grandes jamás detectadas en el Planeta Rojo. Se trata de alcanos, hidrocarburos que consisten en largas cadenas de 10 a 12 o más átomos de carbono, cada uno unido a múltiples átomos de hidrógeno. La importancia radica en su tamaño; las cadenas de alcanos de 12 carbonos o más se asocian frecuentemente con procesos biológicos, siendo a menudo fragmentos de ácidos grasos, componentes fundamentales de las membranas celulares. Estos intrigantes compuestos se encontraron dentro de la lutita de Cumberland, una roca sedimentaria de grano fino ubicada en Yellowknife Bay, un antiguo lecho de lago dentro del vasto Cráter Gale en Marte.

El rover Curiosity, que aterrizó en Marte en 2012, perforó inicialmente esta lutita en 2013. Su sofisticado laboratorio a bordo, el instrumento Sample Analysis at Mars (SAM), realizó varios análisis. Sin embargo, las moléculas orgánicas más grandes solo se identificaron hace aproximadamente un año, después de un precalentamiento específico de la muestra a una intensa temperatura de 2.012 grados Fahrenheit (1.100 grados Celsius) en busca de aminoácidos. En cambio, los investigadores descubrieron estas trazas orgánicas más grandes y complejas. El estudio reciente utilizó modelado matemático, datos de Curiosity y resultados de experimentos de radiólisis (que examinan el efecto de la radiación en las moléculas) para "retrasar el reloj" miles de millones de años. Esto les permitió extrapolar la abundancia inicial de estas moléculas en el momento de su deposición.

La abundancia actual medida de alcanos en la muestra de Cumberland es relativamente baja, entre 30 y 50 partes por mil millones (ppb). Sin embargo, esta cifra aparentemente modesta debe considerarse en el contexto del duro entorno de Marte. Durante aproximadamente 80 millones de años, la lutita de Cumberland ha estado expuesta a una intensa radiación en la superficie marciana, lo que ha provocado una degradación significativa de su contenido orgánico por partículas energéticas procedentes del sol y del espacio profundo. Los investigadores destacaron este desafío, afirmando: "Dada la historia geológica y la maduración térmica de los orgánicos conservados en la muestra de Cumberland, es razonable suponer que el material recuperado es solo una fracción (posiblemente varios órdenes de magnitud menor) del contenido lipídico primario que habría estado atrapado en la unidad sedimentaria cuando se depositó hace dos mil quinientos millones de años". Al aplicar datos de experimentos de radiólisis anteriores, los científicos estimaron conservadoramente la abundancia inicial de estos alcanos, o sus ácidos grasos precursores, en un rango de 120 a un notable 7.700 ppb. Esta concentración original mucho más alta refuerza el caso de una fuente significativa.

Una parte crucial del estudio implicó evaluar rigurosamente las posibles explicaciones no biológicas para estas moléculas. Se exploraron varios escenarios abióticos y se descartaron en gran medida para explicar la abundancia y el tipo de orgánicos observados en la muestra de Cumberland. Un origen espacial, donde las partículas de polvo interplanetario (IDP) y los meteoritos entregan orgánicos, se consideró poco probable porque los IDP no pueden penetrar la roca y no había signos de impactos de meteoritos. De manera similar, la deposición atmosférica se descartó ya que la antigua neblina atmosférica de Marte no era lo suficientemente densa como para explicar la cantidad. Si bien las interacciones agua-roca pueden contribuir a la producción de orgánicos, generalmente producen moléculas más pequeñas y requerirían altas temperaturas no evidentes en la lutita de Cumberland.

A pesar de estos rechazos, una vía abiótica no pudo descartarse por completo: la formación de orgánicos dentro de los sistemas hidrotermales de Marte, seguida de su transporte a la superficie a través de fluidos ricos en orgánicos. Este escenario, que involucra agua caliente interactuando con la roca, sigue siendo una fuente no biológica plausible para algunos compuestos orgánicos marcianos.

A pesar de reconocer la posibilidad hidrotermal, la evidencia colectiva se inclina fuertemente hacia una interpretación biológica. Los investigadores declararon explícitamente: "Para ser claros, no afirmamos que se haya encontrado prueba de vida marciana antigua en la lutita de Cumberland". Sin embargo, la muestra de Cumberland no solo es rica en alcanos; también contiene otros elementos a menudo asociados con procesos biológicos. Estos incluyen minerales de arcilla formados en presencia de agua, nitratos nutritivos, tipos específicos de carbono vinculados a la vida y azufre, que desempeña un papel en la preservación de las moléculas orgánicas. Además, el Cráter Gale, donde se encuentra Yellowknife Bay, se sabe que albergó agua durante millones de años, proporcionando tiempo y condiciones amplias para que la química formadora de vida floreciera.

El descubrimiento subraya el inmenso potencial para la vida pasada en Marte y la necesidad de una exploración continua. También destaca las limitaciones de la tecnología actual de los rovers. El rover Curiosity, aunque innovador, puede tener dificultades para analizar completamente moléculas aún más grandes y complejas, aquellas más definitivamente vinculadas a procesos biológicos, debido a los desafíos técnicos en su separación e identificación. Esto sugiere que futuras misiones, quizás con capacidades de retorno de muestras, serán esenciales para confirmar o negar verdaderamente el origen biológico de estos tentadores orgánicos marcianos. El análisis continuo de estas firmas moleculares acerca a la humanidad a responder una de sus preguntas más profundas: ¿Estamos solos en el universo?

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