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Wednesday, 18 February 2026
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Benidorm Fest 2026: ¿El Declive de un Festival Sin Alma Eurovisiva?

La edición de este año, marcada por la ausencia de Eurovisió

Benidorm Fest 2026: ¿El Declive de un Festival Sin Alma Eurovisiva?
7DAYES
6 hours ago
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España - Agencia de Noticias Ekhbary

Benidorm Fest 2026: ¿El Declive de un Festival Sin Alma Eurovisiva?

La edición de 2026 del Benidorm Fest, tradicionalmente la antesala española al Festival de la Canción de Eurovisión, ha sido recibida con tibieza y agudas críticas, subrayando una profunda crisis de identidad. Con la ausencia del codiciado premio gordo de Eurovisión, el festival pareció perder su propósito fundamental, degenerando en un mero espectáculo televisivo desprovisto de la sustancia musical que se suponía debía celebrar.

La decisión de RTVE de no participar en la final de Eurovisión de este año, citando objeciones a la implicación de Israel, fue un movimiento valiente, ampliamente elogiado por importantes segmentos del público y la crítica por igual. Fue una postura clara que reflejaba compromiso y consideraciones éticas. Sin embargo, esta decisión expuso inadvertidamente una dura realidad para el Benidorm Fest: su dependencia casi total de Eurovisión como su principal atractivo. Sin este incentivo final, el atractivo del evento disminuyó, desplazando el foco hacia preguntas sobre su viabilidad artística y económica.

A lo largo de los años, el Benidorm Fest se ha transformado progresivamente de una verdadera competición de canciones en una suntuosa producción televisiva, donde el espectáculo visual y la elaborada puesta en escena tienen prioridad sobre la calidad intrínseca de las canciones mismas. Esta tendencia, vívidamente ejemplificada en ediciones anteriores como la actuación "SloMo" de Chanel en 2022 —que, a pesar de su brillantez performativa, carecía de profundidad musical— alcanzó su cenit en la edición de 2026. El énfasis en la contratación de especialistas en embellecimiento escénico, como Sergio Jaén, responsable del diseño de algunos escenarios, señala claramente esta prioridad distorsionada. En lugar de buscar talentos musicales auténticos o apoyar a compositores innovadores, el festival parece perseguir el glamour superficial, lo que resulta en una colección de canciones descritas por los críticos como "sin alma" y "anticuadas".

La disparidad entre lo presentado y lo que podría haber sido era flagrantemente obvia en la final. Mientras que la canción "T'amaré" de Tony Grox & Lucycalys, ampliamente considerada "floja" y "ramplona", se aseguró la victoria, hubo un amplio consenso crítico y público de que la verdadera ganadora debería haber sido Rosalinda Galán. Su innovadora propuesta mezclaba magistralmente la copla tradicional con la música rave moderna. Su canción era "audaz, original, con letras superiores al resto, y una interpretación vocal llena de matices y potencia". Sin embargo, inexplicablemente, los jueces no lograron colocarla entre los tres primeros, a pesar del significativo apoyo público. Esta discrepancia plantea serias dudas sobre los criterios de juicio y su independencia, reflejando una clara infravaloración del talento auténtico e innovador.

La calidad lírica de la mayoría de los participantes, con pocas excepciones, fue considerada "minuciosamente irrelevante" y "llena de lugares comunes". Una canción como "Vamos juntas a salir esta noche. / Te prometo que no habrá ni un puto reproche. / Ponte dos tequilas, que hoy queremos derroche. / Salud, ya se fue, ¿y ahora quién quiere un hombre?", interpretada por María León y Julia Medina, no refleja en modo alguno la inmensa riqueza y diversidad de la música española contemporánea. Mientras el festival pasa por alto a artistas creativos como Rodrigo Cuevas, Guitarricadelafuenta, Valeria Castro, Rusowsky y muchos otros, ofrece en cambio una colección de canciones "sin alma, ausentes de originalidad, cortadas por un patrón simplón y anticuadas".

La inversión de 150.000 euros para el ganador, parte de un presupuesto global estimado en cuatro millones de euros, plantea interrogantes sobre el valor de dicho gasto en ausencia del objetivo final del festival. Esta suma, que podría fácilmente duplicarse o triplicarse dentro del "circo eurovisivo" a través de giras, galas y patrocinios, parece escasa e ineficaz cuando el festival es meramente un evento interno. ¿Puede el Benidorm Fest realmente sobrevivir sin el premio gordo de participar en Eurovisión? La respuesta probable es no, ya que fue construido sobre esa misma base. Quizás sería más prudente redirigir este sustancial presupuesto para apoyar la verdadera música española dentro de RTVE —música que mueve el alma y evoca emociones— en lugar de aferrarse a un evento que carece de identidad y calidad.

En conclusión, el Benidorm Fest 2026 parece haber sido un punto de inflexión revelador. Demostró que el festival, en su formato actual, es insostenible sin el impulso de Eurovisión. Es un llamado a una reevaluación integral de los objetivos del festival, y quizás a su desmantelamiento y reconstrucción en algo más auténtico, algo que sirva verdaderamente al diverso y vibrante panorama musical español, en lugar de ser simplemente un espejo descolorido de un evento internacional ausente.

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